martes, 24 de enero de 2012

-Hola. Si, soy yo. No, no, cállate y déjame hablar por una vez. No te llamo para suplicarte ni una vez más, ya me he cansado de ti. Solo quiero que sepas que mi perfume está entre tus chaquetas y tus camisas. Las caricias están entre las sábanas, escondidas. Las fotos, nuestras fotos, deben estar en el fondo de algún cajón, o quizás en la estantería, o puede que decorando alguna pared. Las miradas a escondidas, las que lo decían todo y las que no decían nada están en el espejo de tu habitación. Las palabras bonitas, esas que me susurrabas al oído, las dejamos junto a la ventana, esa desde la que veíamos las estrellas. Los momentos de silencio están junto al café de los domingos por la mañana. Las risas, bajo la manta del salón con la que nos arropábamos las tardes frías de invierno. Mi brillo de labios lo abandone en tus mejillas, a su suerte.. Las promesas búscalas por el suelo, se derrumbaron cuando decidimos rendirnos y abandonar. Los sueños decidieron seguir por su cuenta, se cansaron de nosotros. Los te quiero deben estar perdidos en la almohada. Los besos, los de verdad, siguen escondidos por los rincones esperando una reconciliación, y los de alquiler se largaron en cuanto tuvieron la oportunidad. Los momentos de locura están tirados junto a tu ropa y mis tacones del sábado por la noche y los ‘Buenos días Princesa’ se los llevo una ráfaga de viento cuando abrí la puerta y me largué. Las sonrisas, esas no te molestes en buscarlas, me las traje conmigo cuando me fui. Que te vaya bien, imbécil.

1 comentario:

  1. IMPRESIONANTE!
    Me ha requetenencantado, de verdad.
    Es que no tengo palabras...
    Besazos!

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